Carnaby Mummy
¡A la calle! Todo el mundo listo y a descubrir el primer día. Habrá que ver lo que aguanta el personal. La última vez de turismo urbano fue hace algunos años, y se echó de menos una sillita, pero esas piernas han crecido. Veremos.

Ya en la preparación previa estaba claro que todo lo relativo a los títulos de transporte aquí es, primero, caro, y segundo, complejo. Muchas alternativas con infinitas condiciones diferentes que impiden a cualquier universitario medio acostumbrado a trabajar inglés aclararse absolutamente nada. Por algo ponen en muchas estaciones de metro, junto a las máquinas expendedoras, a alguien encargando de guiarte. El primer problema empieza cuando te cuenta lo mismo que has estado leyendo, pero con pequeños matices que cambian por completo la foto, así que lo primero es abandonar la opción que traías de casa para embarcarte en la que dice, cruzando los dedos para que al final de la semana no hayas pagado por ir en metro y autobús lo que el cuarto marido de Lady Bienvenida Pérez por ir a Harrods en Bentley. 4 Oyster (2 con descuento infantil que activan después) y Dios proveerá.
Dicen en Platoon que la primera víctima de la guerra es la inocencia. Winston Churchill era más prosaico y sabía más: la primera víctima de la guerra es el plan.
Ya se había caído la decisión de la travel card antes de subir al metro, y tan pronto llegamos al British Museum con las entradas para las 10:20, la cola rodeando el edificio (también para quienes ya tenían la entrada comprada online) nos dice que la flexibilidad va a ser un "must". Según supimos luego, nuestra llegada a la ciudad ha ido a coincidir con la de infinitos millones de personas más (muchos españoles, como antaño) que han roto es rigor local vacacional justo en esta fecha tras dos años, saturando las aceras de Londres como hacía tiempo no ocurría: una semana antes se podía caminar.
Nos lleva un rato largo conseguir entrar al museo (¿qué fue de la puntualidad británica?), y nos vamos derechos a los puntos clave para no hacer esto demasiado arduo para los más pequeños (magnífica excusa para los mayores): Egipto, piedra Roseta, momias, Grecia, América, salas gestionadas como pasillos y... ¡saved! Estamos fuera.
Más de una hora hemos estado, no creáis, que para los perfiles del grupo tiene mérito.
A la salida, un pase de modelos en toda regla, con todo tipo de posados, individuales y colectivos. Y atravesar el Soho para cumplir una promesa en la primera parada. Es lo que pasa cuando a una niña de 6 años ofreces algo a cambio de aguantar un poco más en un museo de piedras y muertos vendados de 3.000 años de antigüedad. Así es que tras una pasada express por Liberty (merece más la pena el edificio que el contenido), entre una marabunta de gente, llegamos a Hamley´s. Y nos recibe quien corresponde:
Hace muchos años de mi última vistita a Hamley´s -aunque estés en Londres, vas si eres o tienes niños; entre medias, no-, y tal vez influya mucho el tiempo transcurrido, lo pequeño que era uno entonces, y la comparación con otra juguetería mítica como FAO Swartz (NY), pero la tienda de Regent ya no es impresionante: por tamaño (no tanto), por catálogo (no tanto), por aspecto (no tan bueno)... Parece un poco decadente. Algunos juguetes que exhiben o promocionan como estrellas en realidad tienen un punto de baratija de teletienda con cierto engaño que no está a la altura de la memoria. De hecho, alguien cayó en el engaño con notable disgusto, y el espectacular efecto de magia que pretendía estar debido a un campo magnético resultó deberse a un simple hilo, terrible decepción. Un referente de la ilusión de los niños no hace estas cosas hasta que se adentra seriamente en su propio declive.
Siguiente parada, comer. Teníamos algún sitio localizado, en el que acabamos porque el intento de improvisación de comida asiática choca con el cartel de "no hay billetes" consecuencia de esta nueva masificación de la ciudad. Así que nos sentamos en Mother Mash, un pequeño local con una carta sencilla consistente de platos de puré de patatas (muchos tipos), gravy (esa maravillosa y petrolífera salsa) y pastel de carne o salchichas. La comida tradicional de un Pub sin los dardos, los parroquianos 24/7, los ácaros en moqueta y asientos y con luz. Sitio muy recomendable.
Picadilly - ¿qué fue de la megastore de discos? -, primer intendo en la tienda M&M´s (Dios santo, que cola para nada...), Chinatown (una pena no venir con hambre)... y algo de lluvia, diría que la única de toda la semana.
Covent garden, Strand, el Savoy...
Y primer motín. En torno a las 4pm, que ya no podemos más, que llevamos todo el día caminando, que así no podemos estar, que cuándo volvemos a casa... En fín. Al metro.
Un poco de reposo doméstico y digestión del primer día. Y mucha tecnología, cagontó...
Por cierto, sufrimiento con remontada en la prórroga del Madrid en el Bernabéu contra el Chelsea, y pase a semis de la Champions.
Mañana más.




















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