Camden Sun

Hay que ponerse la pilas: para evitar aglomeraciones, las escaleras mecánicas de las estación de metro de Camden cierran a las 10am. Las superamos a las 9:50. Well done!

Esta sensación de llegar los primeros (casi) está muy bien. A las 10 de la mañana ya estamos en destino, un soleado sábado en que esto se va a poner hasta arriba, pero allí nos encontramos nosotros, antes incluso de que instalen muchos puestos. Tenemos la oportunidad de pasear tranquilamente al menos un par de horas (la verdad, luego ni eso).

Camden High Street está llena de tiendas y restaurantes, un poquito cutres probablemente. Las fachadas llaman la atención, por lo menos. Y los dichosos bubble tea son los primeros en recibirnos, aunque de esto y habrá tiempo de hablar.





Ya el propio mercado de Camden está en un sitio muy agradable, junto al Regent Canal, con infinitos callejones plagados de tiendas, algunas con cosas interesantes, instaladas en los antiguos establos, que esa es la gracia. El sitio es curioso, algunas tiendas están bien, y en las primeras horas el volumen de gente es tolerable. Luego ya es otra cosa.





Prueba:


Esta sí:

Cyberdog: merece la visita. La próxima vez compraremos. Alguno quería bajar una planta más de lo que le correspondía...



De todas formas, sin duda lo mejor es el food court, que debe de ser genial con un cuarto de la gente habitual, por variedad de oferta y porque está buena. Pero tomar una cervecita al sol aquí es una pasada. Este vez si llegamos nos coincide con el horario de comida (adaptado, apenas pasamos de las 12), y hacemos un rápido viaje por la mexicana, el hot dog, el pollo cajún y los crepes (todo compartido, no os asustéis). 







Y algunas compritas (en todo este viaje, digámoslo claro, quien sale ganando es la adolescente, aunque ella, cuando lea esto, dirá que es súper injusto).




Way back:


Segundo intento a la tienda de M&M´s. Esta vez sí, no por tener mejor suerte; sólo más paciencia, y chuparnos la cola.


Discreto color:




Definitivamente, la primera fila del piso superior del bus tienen un éxito innegable:






South Kensington:



Otra promesa: ¿habéis probado un bubble tea? No sois nadie. Nuestra adolescente, ahora, sí. Nunca lo reconocerá, pero no le gustó, seguro. Yo lo probé. Primero, como no le gusta el té, lo pidió con sabor chocolate; y el concepto bubble lo aportan tropecientas esferas gelatinosas de tapioca del tamaño de canicas que por efecto de una succión repleta de convicción remontan una gruesa pajita (¿pajaza?) hasta tu boca, eclosionando con una textura diría que probablemente desagradable, ¿o quizás no? Pues eso, raro. Coreano, de hecho. Pero es lo más cool, tal como demuestran las largas colas en la calle ante cualquiera de estos establecimientos.


Casi en casa:


De vuelta de la cena. 50 euros por barba en un italiano normal (Grato). Desproporcionado, incluso para Londres.




Mañana más.



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